Nora Corradetti
“La pintura de Nora Corradetti se corresponde con una racionalidad pero es al mismo tiempo una meditación sobre el espacio y el tiempo.” Fermín Fevre

Críticas

Nora Corradetti, desafío lírico y fractal

La pintura de Corradetti se percibe como una metamorfosis, con dejos escherianos, en tocata, en canon y fuga, durante la cual planos y sonidos derivados de la exquisitez coloristíca se entretejen, se repiten, invierten y contraponen de manera ascendente.

En esta nueva etapa de su pintura, Nora Corradetti se somete a una creciente complejidad compositiva, consecuencia y no antítesis, de su anterior síntesis. Es importante advertir que la fragmentación de los planos básicos -círculo, cuadrado, triángulo y rectángulo- se reconstruye ya no sólo a partir de cintas curvas de musical dinamismo, sino introduciendo, además, lo que ella denomina planos blandos. En realidad podría tratarse de elementos que concretan un necesario retorno a lo táctil, a un universo matérico aparentemente abandonado por la artista, aunque siempre latente.

Hasta ahora puesto entre paréntesis, es llevado hacia una sublimación tal que quita a esas formas blandas, toda referencia inequívoca de identificación. Podría tratarse de papel, paño, de la estructura del cristal de roca o de la piel fulgurante de un glaciar herido por la luz. Depende del color que lo bañe, de la estructura que lo contenga, ya que también las áreas verdosas, junto a cierta acuosidad de los azules remiten a percepciones satelitales de la Tierra, que nos complacemos en denominar topografías plásticas.

La pintura de Corradetti se percibe como una metamorfosis, con dejos escherianos, en tocata, en canon y fuga, durante la cual planos y sonidos derivados de la exquisitez coloristíca se entretejen, se repiten, invierten y contraponen de manera ascendente. Ruptura y continuidad, orificios, arcos que se asoman a interiores, y que son a su vez oquedades penetrantes, van enlazando diferentes espacios y climas mediante una fractalidad desintegrada y vuelta a urdir con maestría hacia una nueva unidad sin referentes obvios.

Como ejercicio final, como anclaje a tierra firme, el lirismo deriva en una instalación que propone una pausa reflexiva, lúdica, participacional. Sillones y formas estereotípicas vacías, dispuestas a ser completadas por quien decida aceptar el desafío.

Cecilia Casamajor - Artista plástica
Buenos Aires – San Isidro-Carmel, Marzo de 1999